¿En cuál de las fases emocionales estás frente al COVID-19?

Como otras circunstancias que enfrentamos, la crisis actual pasa por un proceso de diferentes fases emocionales. Transitar cada una de ellas es absolutamente esperable. Muchas personas se asustan al darse cuenta de que experimentan enojo, miedo y ansiedad (entre otras emociones). Pero es importante saber que sentir esto es normal. Estamos hablando de una situación que inconscientemente asociamos con el peligro que sufre nuestra vida. A esto se suma el darnos cuenta de que también podría estar en riesgo la de nuestros seres amados.

Entonces si partimos desde este pensamiento, ¿cómo no vas a experimentar todas estas emociones? Es necesario que las transites para que puedas aceptar lo que te sucede y empezar a “ocuparte” de ello. Es clave correrte del lugar de solo “preocuparte”; en esta posición nos paralizamos y se disparan los pensamientos negativos.

Llegar a la fase de la aceptación

Una vez que pasamos la etapa de la aceptación estamos preparados para empezar a hacer cambios en nuestra vida cotidiana. Estos cambios nos ayudarán a adaptarnos a la situación, entendiendo que no es un “para siempre”; es algo pasajero. Uno de los recursos emocionales para poder sostener esto será tener una actitud positiva y de compromiso en cuidarme y cuidar a los demás; respetando todos los consejos preventivos que a esta altura ya sabemos cuáles son.

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No podemos determinar cuánto tiempo durará esta situación, pero te quiero a convertir esta situación en un proceso de aprendizaje. Cuando donde te des cuenta de que la experiencia no es solo lo que sucede, sino lo que vas a hacer con lo que te sucede, lograrás salir fortalecido de esta crisis. Y, sobre todo, habiendo aprendido a priorizar las cosas que son realmente importantes en la vida.

Hoy tenés el desafío de reinventar una vida pasajera. Quizás te des cuenta, después de todo esto, que hay cambios que hiciste ahora forzadamente, que no están tan mal y que vas a adoptarlos para cuando vuelvas a tu vida de antes. Solo hay un aspecto que nunca deberías cambiar, aunque sí reforzar, y es la confianza en que Dios nunca te va a dar una carga que no puedas soportar.

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