#3 – Cómo perdonar una ofensa

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Cuando alguien que amamos nos ofende nos frustramos, porque quizás no esperábamos esa reacción de su parte. Y, además, si ya estábamos mal por algún otro motivo, nos enojamos por lo que sucedió y reaccionamos rechazándolo y evitándolo.

Otras veces, las personas que amamos se enojan con nosotros sin un motivo aparente. Pero, en ambos casos, hasta no hacer nuestra parte para superar este incidente nos seguiremos sintiendo mal cada vez que lo recordemos, porque afectará nuestra tranquilidad mental y la capacidad de disfrutar las cosas lindas del día.

Enseñanzas de Jesús

Jesús aborda este tema y nos deja algunos principios básicos para superar el malestar causado por una ofensa, según Lucas 17:3,4.

  • En primer lugar, ten cuidado de ti mismo. Es una advertencia para tener en cuenta a nuestro principal enemigo: el ego. Así que, la próxima vez que te sientas mal por haber sido ofendido, recuerda que esta es la raíz y no la otra persona. La actitud negativa de nuestros ofensores solo pone de manifiesto cómo está nuestro ego. Es una regla que cuanto peor estoy conmigo mismo me ofendo con más facilidad y luego utilizo a las personas como una buena excusa para justificar mi enojo y victimizarme.
  • En segundo lugar, si alguien te ofende, amonéstalo. Aquí la palabra amonestar literalmente significa “advertir a alguien instruyéndolo”. No es tarea fácil, pero esta es nuestra parte para restaurar las relaciones. Algunas ideas básicas para amonestar instruyendo:
    • Busca el momento oportuno, el lugar y la forma adecuada para hablar con tu ofensor.
    • Cuando hablen, no busquen culpables sino soluciones.
    • Que tus palabras sean pocas y claras.
  • El tercer principio que presenta Jesús es: perdónalo. ¿Cuál es el concepto cristiano del perdón? Perdonar no es olvidar, tampoco una reacción emocional. A veces, las ofensas causan dolor y enojo por mucho tiempo. Perdonar es elegir no tomarle en cuenta la ofensa al agresor. Nos daremos cuenta de que esto es realidad cuando dejemos de querer “cobrarle” al otro con actitudes de recriminación.
  • Y el cuarto principio es perdonar siempre. Sí, siempre es siempre. Aunque los vínculos no vuelvan a ser iguales., aunque, a veces, tengamos que tomar distancia y quizás no podamos volver a ver a esa persona.

La historia de William

Tiempo atrás hablaba con William[1] quien me contaba que, desde hacía mucho tiempo, venía sufriendo de reacciones violentas cada vez más frecuentes y difíciles de controlar. Al preguntarle qué había hecho para superar la intolerancia y sus reacciones violentas, me contó que había realizado diferentes terapias, pero sin hallar ninguna solución.

Mientras dialogábamos, recordó una ofensa causada por un amigo íntimo. Basados en la amistad que mantenían desde la infancia, decidieron hacer algunas inversiones juntos. Establecieron y desarrollaron una empresa que funcionaba muy bien y, cuando estaban en lo mejor, su amigo hizo algunos manejos rápidos de tal manera que lo dejó fuera de la empresa y, además, lo estafó en varios millones de dólares.

Mientras transcurría la terapia le pregunté: “William, ¿qué has pensado acerca de perdonar a tu amigo?”. Su rostro se transformó. Después de un instante me dijo: “nunca pensé en eso”.

El poder terapéutico del perdón

Luego de unos días, él regresó a la consulta, pero ahora su semblante era diferente. Me dijo: “me di cuenta de que me estaba consumiendo el resentimiento y que la única salida era perdonarlo. No resolví nada de lo que sucedió, pero me siento liberado de la carga emocional. Recuperé la tranquilidad mental y mis tensiones se aflojaron”.

Animémonos a ser protagonistas de un milagro en nuestras relaciones con los demás. Elijamos perdonar siempre. Los más beneficiados seremos nosotros, porque “errar es humano, pero perdonar es divino”.

[1] El nombre no es real para proteger la identidad de la persona

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