#2 – Cómo manejar el enojo con las personas

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El enojo suele ser una de las emociones más frecuentes al relacionarnos con los demás. Es parte de una respuesta de adaptación ante lo que consideramos una amenaza.

Suelo preguntar a los pacientes: ¿cuándo fue la última vez que te enojaste? La mayoría puede identificarla con facilidad. Aunque no siempre saben cómo superar este estado emocional que nos genera mucha tensión.

Jesús y el enojo

Veamos algunas enseñanzas de Jesús acerca de cómo manejar el enojo causado por las relaciones con los demás. En Mateo 5:21-24 encontramos cuatro principios básicos que pueden ayudarnos.

  • En primer lugar, cuando nos enojamos y lo exteriorizamos a través de una agresión verbal, este acto es equivalente a un homicidio. ¿Cuándo fue la última vez que le quitaste la vida a alguien que amas? ¿Ya lo pensaste? Por favor, no desesperes, hay solución.
  • En segundo lugar, enseña Jesús, los vínculos sanos con las personas son más importantes que la liturgia. De nada nos sirven los rituales o las prácticas religiosas si estamos enojados con alguien o si hay alguien que está enojado con nosotros y todavía no hemos hecho nuestra parte en el asunto. Pero ¿cuál es nuestra parte? ¿qué podemos hacer? Aquí viene la respuesta de Jesús.
  • El tercer principio es tomar la iniciativa para el proceso de la reconciliación. Por experiencia sabemos que cuando nos enojamos con alguien, en especial con quienes más amamos, solemos ir a pedir disculpas por nuestra conducta. Pero aquí la enseñanza de Jesús se refiere a cuando alguien está enojado con nosotros. Aun en estas circunstancias necesitamos tomar la iniciativa para la reconciliación.
  • Por último, necesitamos comenzar el proceso de la reconciliación lo antes posible. Cuanto más tiempo pasamos sin hacer nuestra parte para la reconciliación corremos el riesgo de vivir con malestar crónico. Esto afectará nuestra capacidad de disfrutar de las relaciones con los demás. Entonces, la ansiedad nos llevará a buscar conductas para aliviar el malestar y evadirnos: beber, comer, fumar, conectarnos a las pantallas. Finalmente, iremos perdiendo la capacidad de disfrutar las cosas lindas de cada día, porque perderemos la paz interior y la tranquilidad mental.

La historia de María

Tiempo atrás, María[1] me pidió una entrevista para hablar de lo que le estaba pasando. Luego de la muerte de su madre tuvo un diálogo con Marta, una de sus hermanas, acerca del proceso legal de sucesión. Como no lograron un acuerdo, Marta se enojó con ella y nunca más le dirigió la palabra. María quedó muy dolorida por esta situación y, aunque la enojada era su hermana, no sabía qué hacer.

Trazamos juntos con María un camino para recorrer el proceso de la reconciliación con su hermana. Parte de este, era que yo fuera a hablar con Marta. Así que acordé la reunión y ahora Marta, después de muchos años, reconoció que ella había estado mal con su hermana y estuvo dispuesta a ir a dialogar con María para resolver este tema y reconciliarse.

Llegó el día y la hora del encuentro. Marta fue a la casa de María, llegó hasta la puerta, pero no quiso hablar y se volvió atrás una vez más.

El resultado de manejar el enojo correctamente

Aunque la relación no se pudo restaurar, María me dijo: “recuperé la paz interior, porque ahora tengo la certeza de haber hecho todo lo que estaba a mi alcance para reconciliarme con mi hermana. Ahora estoy tranquila y estoy pudiendo sobrellevar el dolor de una manera diferente. Es más, me he dado cuenta de que comencé a recuperar la capacidad de disfrutar de las cosas lindas de cada día a pesar del dolor.”

[1] Los nombres no son reales para proteger la identidad de las personas

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