No sé qué es pero le dicen estrés

En las últimas 8 semanas, ¿has experimentado insomnio, somnolencia, agotamiento físico, dolor en el pecho? ¿Irritabilidad, desórdenes alimenticios, falta de concentración, disminución del rendimiento? ¿Ganas de golpear a alguien, profunda tristeza, o aumento del uso de estimulantes como cigarrillos, alcohol o drogas? Si te identificas con, al menos, cinco de estos síntomas, es probable que estés con niveles moderados de eso a lo que le dicen estrés.

¿Qué es estrés?

La palabra “estrés” proviene del latín stringere, que significa “apretar, comprimir”. El estrés es un proceso natural del cuerpo humano, una respuesta automática ante condiciones externas que resultan amenazadoras o desafiantes. Esta respuesta requiere una movilización de recursos químicos, mentales y conductuales. Pero, esta intensa y reiterada respuesta, en ocasiones perturba el equilibrio emocional y espiritual de la persona.

El estrés puede afectar a personas de cualquier edad, género o clase social. Puede dar lugar a problemas de salud, tanto físicos como psicológicos. Las investigaciones demuestran que el estrés puede contribuir al desarrollo de enfermedades graves, tales como enfermedades cardíacas, depresión, ansiedad y obesidad.

También de te puede interesar Fortaleza en medio de la crisis.

¿Hay estrés positivo?

A veces, un poco de estrés viene bien porque da el empuje y la energía que se necesitan para sobrellevar ciertas situaciones. Algunos ejemplos son: rendir un examen, correr ante un perro o cumplir con algún plazo en el trabajo. Sin embargo, una cantidad excesiva y sostenida de estrés puede tener consecuencias sobre la salud. Puede afectar negativamente al sistema inmunitario, cardiovascular, neuroendocrino y nervioso central.

Cierta cantidad de estrés es necesaria para que el organismo responda adecuadamente a los retos y cambios de la vida diaria. Esto es lo que se conoce como eustrés o estrés positivo. El estrés acumulado, que es nocivo, se denomina distrés.

Una recurso para aliviar el estrés

Un día, San Pablo, el apóstol, se sentía “apretado, comprimido” por las circunstancias. Estaba encarcelado injustamente y bajo amenazas psicológicas de perder la vida, mal alimentado y privado de sus afectos. Se encontraba bajo los efectos del estrés. Desde ese lugar escribió una carta a sus amigos —quienes, a mi parecer, no padecían ni la mitad de las situaciones que él estaba viviendo—, diciéndoles: “No estén preocupados, sino presenten su problema a Dios, en oración” (Filipenses 4:6). San Pablo tenía recursos espirituales para afrontar sus momentos de estrés, y compartió con sus amigos aquello que le servía de sostén. ¿No te parece un buen momento para contar con el recurso espiritual de la oración?

Compartir artículo:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

whatsapp